Medgon ¡Vivir en pasivo!: Saludablemente confortable, confortablemente rentable
El mundo está sufriendo importantes cambios que notamos ya: sobrepoblación en regiones, cambio climático, contaminación, preocupación por la ecología, coste de las energías… que hace que también la sociedad, se vaya adaptando en su manera de afrontarlos, y con ello, a la elección del tipo de edificación en la que poder vivir, acorde con estos nuevos factores.
Todo ello hace que, a su vez, cambien el enfoque del cliente a la hora de comprar una vivienda, buscando casas más eficientes, ecológicas, eficaces, saludables…confortables.
Podríamos decir que se pasa de focalizar la decisión en el precio por metro cuadrado a la rentabilidad por metro cuadrado y confort por metro cúbico.
Si bien desde hace algunos años el precio por metro cuadrado de construcción de una vivienda de código técnico, con calificación energética A+ es más económica, en la inversión inicial, que una vivienda pasiva, (entre un 3-5%), hay que mirar también que, a la larga, hay una recuperación de esa inversión, a modo de “renta vitalicia anual“, por los ahorros energéticos obtenidos.
Una de las características de este tipo de edificaciones es la de obtener el máximo confort en cualquier estación del año, sea cual sea la región de la tierra en la que se encuentre, pero de la mano de unos rendimientos energéticos muy superiores a los que están demandados en el código técnico.
Los ahorros pueden ser de hasta un 70% en energía y un 90% en calefacción; además del ahorro que supone unos plazos de entrega de unos 6 meses por estar industrializado el proceso de fabricación de la estructura.
Pero, al final, la mayor ventaja que vamos a apreciar al vivir en una casa pasiva, que hará que esa inversión inicial superior se olvide, es la de disfrutar de “nuestro espacio saludablemente confortable”, y de eso se encargará:

Una de las características de este tipo de edificaciones es la de obtener el máximo confort en cualquier estación del año, sea cual sea la región de la tierra en la que se encuentre, pero de la mano de unos rendimientos energéticos muy superiores a los que están demandados en el código técnico.
Los ahorros pueden ser de hasta un 70% en energía y un 90% en calefacción; además del ahorro que supone unos plazos de entrega de unos 6 meses por estar industrializado el proceso de fabricación de la estructura.
Pero, al final, la mayor ventaja que vamos a apreciar al vivir en una casa pasiva, que hará que esa inversión inicial superior se olvide, es la de disfrutar de “nuestro espacio saludablemente confortable”, y de eso se encargará:
- Una estructura de madera laminada
- Una envolvente perfectamente calculada
- Unas carpinterías de calidad plenamente integradas en la estructura
- Un sistema de ventilación ponderado a esa superficie

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