Pobreza energética

No es frío lo que sientes. Es una vivienda que falla.

Hay una frase que marca en este artículo del diario "El País", es de Mercedes Saiz, una mujer de 58 años que vive en el barrio de la Concepción, en Madrid: “En la Navidad de 2019 solo tenía 1,50 euros en la cuenta”. Lo dice sin dramatismo, como quien constata un hecho. Tras denunciar violencia de género, perdió su empleo, su estabilidad, y poco a poco, también la posibilidad de vivir con dignidad en su propia casa. Hoy, como 8,5 millones de personas en España, no puede permitirse mantener una temperatura mínima en invierno. No es que no quiera encender la calefacción. Es que no puede.

La pobreza energética no se mide en kWh ni en porcentajes. Se mide en madres que visten a sus hijos con tres capas para dormir. En estudiantes que no pueden concentrarse porque tiemblan de frío. En ancianos que reducen sus medicinas para pagar la factura de la luz. Y aunque el bono social, los fondos de emergencia o los bancos de energía son necesarios —y urgentes—, todos ellos atienden las consecuencias, no la causa.

Porque el problema no empieza cuando llega el recibo.
Empieza mucho antes.
Empieza en el momento en que se diseña una vivienda sin pensar en quién la habitará.
Empieza cuando se aísla mal, cuando se construye rápido y mal, cuando se elige el material más barato en lugar del más justo.
Empieza, en definitiva, con una decisión técnica que tiene consecuencias morales.

En Medgón no creemos en soluciones reactivas. Creemos en prevención radical.
No se trata de ayudar a alguien a pagar el calor. Se trata de construir edificios donde el calor no sea un bien escaso, sino un estado natural.

Nuestros edificios no están pensados para reducir el consumo. Están diseñados para eliminar la dependencia. Industrializados, con estructura de madera y certificación Passivhaus, consumen hasta un 90 % menos de energía que una vivienda convencional. Esto no es marketing. Es física: aislamiento continuo sin interrupciones, hermeticidad rigurosa al aire, y ventilación con recuperación de calor que mantiene el aire fresco sin perder la temperatura. El resultado es un hogar que no necesita calefacción activa en invierno ni aire acondicionado en verano. Un hogar que no exige decisiones imposibles al final del mes.

Para una persona que vive de alquiler y trabaja por horas, esto no es un lujo. Es dignidad térmica.
Para una familia joven que compra su primera vivienda, no es un capricho. Es una promesa: la de no tener que elegir, dentro de diez años, entre pagar la hipoteca o la factura de la luz.

El verdadero coste no está en construir mejor.
Está en seguir construyendo igual.

Mientras la tasa de rehabilitación energética en España se estanca en el 0,8 % —muy por debajo del 2 % exigido por Europa—, apostamos por una alternativa más profunda: no solo renovar lo viejo, sino construir lo nuevo de otra manera. Con industrialización accesible, con plazos previsibles, con precios fijos desde el primer día. Con diseños que consideran no solo la estética, sino la vulnerabilidad humana: orientación de ventanas para aprovechar la luz solar invernal, inercia térmica natural, ausencia de materiales tóxicos, acabados que no degradan la calidad del aire. Y, sobre todo, con la convicción de que una vivienda eficiente no debe ser un privilegio para unos pocos, sino un derecho básico para todos.

El frío no es inevitable. Es el resultado de decisiones que se tomaron hace años —y que seguimos tomando hoy— en salas de reuniones, en estudios de arquitectura, en oficinas técnicas. Decisiones que priorizaron lo rápido sobre lo duradero, lo barato sobre lo justo.

Construir en 2026 como se construía en 2008 no es tradición. Es negligencia.

Y si hay algo que queremos dejar claro es esto:
No se trata de dar calor a quien pasa frío.
Se trata de construir hogares donde el frío nunca entre.

Si está leyendo esto y se pregunta si existe otra forma de hacer las cosas, la respuesta es sí.
Existe. Y ya está funcionando.

Le invitamos a hablar con nosotros —sin tecnicismos innecesarios, sin presión comercial— sobre cómo hacer que su próxima vivienda no sea un gasto recurrente, sino una garantía de bienestar. Incluso si hoy no tiene los recursos para emprender un proyecto, merece saber que es posible construir de otra manera.

Solicite una sesión gratuita: “Vivienda + Seguridad Energética”.

Medgón no construye edificios. Construye refugios.
No solo frente al clima exterior, sino frente a la incertidumbre.

Porque nadie debería tener que elegir entre calentarse y vivir.

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